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jueves, 30 de junio de 2016

De blogueras y piojos

Con las edades de mis hijos, tengo la esperanza de haber superado por completo el tema de los piojos. Sin embargo, fueron muchos los bichitos de esos que tuve que ver y perseguir por las cabezas de mis cuatro pequeños. Todavía recuerdo lo horrible que me pareció el primero que ví, no los conocía y no podía creer que eso tan grande y tan feo pudiera estar en la cabeza de mi niñita. No tengo idea cuantos frascos de champú antipiojos he comprado en mi vida, pero han sido muchos. Sólo al final, descubrí el peine metálico que me ayudo a superar la última y creo que la peor de todas las invasiones de estos bichos tan incómodos y tan difíciles de eliminar.

Pero, como así es la vida, hace unos meses cuando ya el tema no figuraba entre mis preocupaciones, recibí una invitación a un evento de blogueras, para la presentación de un producto que resultó ser un repelente para piojos. Es un producto nuevo y suena interesante. De hecho, si mis hijos fueran al colegio, tendría simpre uno de estos a la mano, pues cuando hay epidemia de piojos en un grupo de 20 o 30 niños, puede ser muy difícil eliminarlos por completo ya que estos pasan de una cabecita a otra con una facilidad impresionante. La idea es que el producto previene el contagio, pero si ya nuestros hijos traen pasajeros, es necesario eliminarlos de la forma que se prefiera y luego aplicar el repelente para evitar que vuelvan.

Es una lástima no haber tenido algo como esto hace años, pero les cuento que ya existe en caso de que lo lleguen a necesitar.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Homeschooling y expectativas femeninas

A raíz del artículo sobre educación en casa publicado en El Tiempo, y de las apasionadas e indignadas reacciones que suscitó en muchas madres en nuestro grupo de facebook, y teniendo en cuenta también mi experiencia personal y mis propios sentimientos con respecto al tema, quiero aprovechar para hacer una reflexión sobre el papel de la mujer en la familia que educa en casa.

La frase que causó tanta controversia se encuentra al final del artículo. Bajo el subtítulo de "Podría limitar a las mujeres" dice:

La doctora en Educación, Isabel Londoño, cree que este tipo de enseñanza podría ayudar a acentuar la posición de inferioridad de las mujeres. “En esta modalidad son las mamás las que se dedican en cuerpo y alma a sus hijos y sacrifican su realización personal y profesional”.


En primer lugar, creo que son las mujeres, o mejor los seres humanos, quienes desde su propia situación se limitan ellos mismos. Hace parte parte de nuestras malas costumbres buscar a quien culpar cuando las cosas no salen como las esperábamos. Si una mujer se siente limitada por estar en casa dedicada a la crianza y educación de sus hijos, es ella quien debe buscar la manera de cambiar las cosas. Debe revisar sus expectativas, identificar sus frustraciones o carencias y tomar medidas para tener una vida más feliz.

Segundo, la señora Londoño comete un error garrafal al igualar la realización personal con la realización profesional, pues para cualquier ser humano, la realización personal es algo mucho más complejo y en la mayoría de los casos la vida familiar es un ingrediente muy importante en esa receta, incluso más importante que la vida profesional.

Sobre la situación de inferioridad, creo que también se equivoca, pues al ser la madre quien vive el día a día con los hijos (en la mayoría de los casos, obviamente no en todos), tiene una relación más estrecha con ellos y mayor influencia sobre sus vidas  y para mí eso la coloca en una situación de superioridad con respecto a su pareja en el ámbito familiar. Tal vez desde el punto de vista de nuestra sociedad, el no ganar dinero nos haga parecer inferiores, pero incluso eso es una mentira, pues al hacernos cargo de la educación de nuestra familia, estamos realizando un aporte económico equivalente, por lo menos, al costo que representaría tener a nuestros hijos matriculados en un buen colegio.

¿Nos dedicamos en cuerpo y alma a nuestros hijos? ¡Por supuesto! ¿no eso lo que todas las mamás y papás del mundo deberían hacer? Creo que es un privilegio que muchas madres trabajadoras nos envidian secretamente. Es un trabajo agotador por el que no recibimos ni un peso, pero eso no nos pone en situación de inferioridad, ni por eso estamos sacrificando nuestra realización personal. Yo pienso que mi trabajo como madre es más importante que cualquier trabajo remunerado que pudiera estar desempeñando pues mi aporte al mundo y a la sociedad será mayor en un futuro al estar educando a conciencia futuros ciudadanos.

Ahora, hablando sobre la realización profesional, tal vez le doy la razón a medias, y en eso no coincido con las opiniones expresadas en los comentarios de facebook. Creo que sí dejamos nuestra vida profesional a un lado (de nuevo en la mayoría de los casos, siempre hay excepciones), pero no creo que la estemos sacrificando sino "posponiendo". Y si la estamos sacrificando, pues eso es el resultado de una decisión tomada por nosotras mismas y es igualmente válido. Creo que ser mamá y educar a nuestros hijos demanda mucha dedicación, energía, neuronas y entusiasmo y creo que quienes podemos dedicarnos a ello en exclusiva, agradecemos a nuestros esposos su apoyo y arduo trabajo para hacer que esto sea posible.

No voy a negar y quienes me conocen lo saben, que en mis años de universidad imaginaba un futuro muy diferente en el que poco o nada aparecían el matrimonio y los hijos. Y aquí estoy, después de casi 17 años de matrimonio y cuatro hijos y sé que muchas veces me pesan cosas como la dependencia económica o la falta de conversación adulta. Pero puedo asegurar que desde que nacieron, mis hijos se convirtieron en mi mayor fuente de alegría y satisfacción aunque no toda la vida de mamá sea color de rosa.

Mis hijos han sido mi premio sorpresa en la vida, un premio que no estoy segura de haber merecido, pero que estoy dispuesta a disfrutar al máximo.

lunes, 4 de febrero de 2013

Los cuatro acuerdos y la crianza

LOS CUATRO ACUERDOS DE LA SABIDURÍA TOLTECA

1. NO SUPONGAS

No des nada por supuesto.
Si tienes DUDA, aclárala.
Si SOSPECHAS, pregunta.
Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen FUNDAMENTO.

2. HONRA TUS PALABRAS

Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; y si no te honras a ti mismo, no te amas.
Honrar tus palabras es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces. Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.

3. HAZ SIEMPRE LO MEJOR

Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte ni arrepentirte de nada.

4. NO TE TOMES NADA PERSONAL

Ni la peor OFENSA.
Ni el peor DESAIRE.
Ni la más grave HERIDA.
En la medida que alguien te quiere hacer daño,
en esa medida ese alguien se hace daño a sí mismo. Pero el problema es de Él y no tuyo. 

Durante el año pasado encontré este texto en diversas ocasiones, publicado en facebook por varios de mis amigos. Luego me enteré que pertenecía al libro (que no he leido) "Los cuatro acuerdos" que según la wikipedia es "un ensayo de la soteriología tolteca escrito por el médico mexicano Miguel Ruiz que está basado en la sabiduría de los antiguos toltecas. Relata la cosmovisión que debería tener un ser humano para estar en equilibrio personal, teatral, diferencial, emocional, mental y social."

Ayer lo volví a leer y me hizo pensar en varias de las cosas que he aprendido durante los años que llevo de ser mamá.

No supongas.  Con los niños esto es muy importante. Desde nuestra posición de adultos olvidamos que esas pequeñas cabecitas funcionan muy distinto de las nuestras, pues todavía no están contaminadas con tantas ideas y prejuicios que tenemos su padres con respecto a todos y a todo. Ahí está el fondo del asunto cuando los niños, en palabras de los adultos, se "portan mal" (¡una de las expresiones más fastidiosas que existen!). Si tratamos de pensar como ellos, si nos tomamos el tiempo de preguntar y de indagar antes de reaccionar, veremos que no hay maldad en sus acciones, tal vez curiosidad,  exceso de energía, impaciencia y seguramente algún error de cálculo. Y no sólo cuando se "portan mal" sino en todas las situaciones cotidianas, si observamos a nuestros hijos si suponer nada, aprenderemos muchísimo de ellos.

Honra tus palabras. Básico. Para nuestros hijos lo que nosotros decimos es verdad absoluta. Otra frase en facebook decía que "La forma en que hablamos a nuestros hijos se convierte en su voz interior" Y es verdad! Ellos nos creen ciegamente todo lo que les decimos no solo sobre el mundo sino también sobre ellos mismos. No sólo lo que les decimos con palabras sino con nuestro tono de voz, nuestras actitudes o nuestro lenguaje corporal.

Haz siempre lo mejor.  Cuando nuestros hijos son bebés siempre estamos listos y llenos de energía para hacer lo mejor. Al pasar el tiempo los niños crecen, ya no están solos sino que tienen hermanos, y comienza a faltarnos la energía y a abrumarnos la rutina y puede suceder que esa disposición para hacer lo mejor se diluya sin darnos cuenta y terminemos haciendo lo mínimo necesario para sobrevivir cada día. Y ellos lo sienten y lo reflejan. Siempre deberíamos darles lo mejor de nosotros, pues para eso los trajimos al mundo. Ellos no nos deben nada, si actuamos sin esperar nada recibiremos mucho más de lo que habríamos podido esperar.

No te tomes nada personal. Cuando comprendí esto, mi vida como mamá se hizo más fácil. No es algo personal si el bebé bota al suelo la papilla que nos tomó horas preparar. No es personal si hacen pataleta en un sitio público. No es personal si te dicen que no te quieren. No es personal si no quieren hacer lo que les pides.  Casi siempre tiene que ver con el momento de desarrollo en el que se encuentran y con la incapacidad de comunicar su malestar, por no haber desarrollado suficientemente la capacidad de identificar sus sentimientos y expresarlos claramente. También tiene que ver con que esperamos de ellos algo que no están preparados para darnos, en fin.

Creo que estos principios aplican a todo tipo de relaciones, pero sé que en mi maternidad los he descubierto por mi propia cuenta, a punta de estrellarme una y otra vez casi siempre de manera dolorosa.